innovación, creatividad & pronoia

7.1 Frenar para ir más rápido

Aspiremos a una vida “llena” en vez de una vida “ocupada”. Frenemos para llenarla de aquello que realmente importa.

Solo hay algo peor que el trabajador vago: un workaholic. Un workaholic es aquel que no sabe irse a su casa. Para él, nunca hay demasiado trabajo. Puede pasar la noche en la oficina si hace falta. Pero los workaholics crean más problemas de los que solucionan, porque esa intensidad no puede mantenerse en el tiempo.

«Maquillan la pereza intelectual con fuerza bruta», afirman Fried y Heinemeier. «El verdadero héroe ya está en casa porque se le ocurrió una forma más rápida de hacer las cosas».

Además, cuando estás demasiado cansado, tu creatividad se resiente, te vuelves irritable, eres menos cuidadoso en tus tareas, etc.

No creemos que sea un gran hallazgo, la vida de gran parte de nosotros es muy acelerada, corremos para llegar al trabajo, comemos apurados para seguir trabajando o hacer cualquier labor pendiente, estamos con mil cosas en mente mientras hacemos otras, vemos televisión y comemos, conversamos con amigos y estamos pendientes del teléfono móvil, etc.. Nuestra sociedad actual no promueve un estilo de vida muy saludable, y en esto también se incluye la forma en que nos desenvolvemos el día a día y al fin y al cabo afecta nuestro bienestar.

¿Estás “demasiado ocupado” para hacer cualquier cosa, el tiempo? Quizás quieras tomártelo con un poco más de calma. Por estos días parece que todos estamos constantemente ocupados, que estamos en una competición para ver quién tiene menos tiempo libre.

Esa queja de “estoy demasiado ocupado” o “no me alcanza el tiempo para todo” viene a con un orgullo implícito:”estar ocupado” se ha convertido en una suerte de de éxito, y al mismo tiempo, el disparador de una conversación en la que todos nos consolamos unos a otros sobre cuán cansados estamos y lo llena que está nuestra agenda.

Estar constantemente muy ocupado resulta ser una trampa. Cuando hay cosas que realmente queremos hacer, que de verdad llenarían nuestras vidas, pero nos da miedo hacerlas, podemos llenarnos de innumerables tareas sin importancia (como archivar papeles) al punto de estar tan ocupados que no podamos ni siquiera tomarnos un momento para pensar en lo que haremos a continuación. En lo que realmente queremos hacer.

Estar constantemente ocupado no necesariamente significa ser productivo, ni llenar todo nuestro tiempo con actividades no significa necesariamente llenarlo de significado.

El principal temor es el miedo a desperdiciar nuestras vidas, el temor a perdernos algo importante, termina llevándonos en el sentido completamente opuesto. Cuando estamos “tan ocupados que no podemos respirar”, no nos tomamos el tiempo de pensar si las cosas con las que estamos llenando ese tiempo realmente valen la pena.

En vez de decir “no tengo tiempo” intenta decir “eso no es una prioridad”, y ve cómo se siente. A menudo, ésa es una explicación perfectamente adecuada. Tengo tiempo para planchar mis sábanas, simplemente no quiero. Pero otras cosas son más difíciles. Cambiar nuestro lenguaje nos recuerda que el tiempo es una elección. Si no nos gusta cómo estamos perdiendo el tiempo, podemos elegir algo diferente.

Como explicaban en el vídeo anterior, puedes trabajar diez horas al día, pero si amas lo que haces y tu vida está llena de significado, no vas por la vida quejándote de estar “demasiado ocupado”. La diferencia, pues, no está en cuánto tiempo posees, sino en cuánto lo disfrutas.

El movimiento “slow” aboga por un cambio cultural hacia disminuir o enlentecer el ritmo de la vida. Carl Honoré, autor del libro En defensa de la lentitud, dice:

Es una revolución cultural contra la noción de que más rápido siempre es mejor. La filosofía Slow no es acerca de hacerlo todo a ritmo de caracol. Es acerca de buscar hacerlo todo a la velocidad correcta. Saborear las horas y los minutos en vez de contarlos. Hacerlo todo tan bien como sea posible, en vez de tan rápido como sea posible. Es sobre calidad en vez de cantidad.

En un mundo lleno de trabajo por hacer, redes sociales e infinitas películas y series online, parecería que no tenemos excusas para pasar un solo segundo aburridos. Si nos encontramos con una cola en el supermercado, sacamos el smartphone y revisamos el feed de Twitter, y aprovechamos para quejarnos de tener el cajero más lento de la faz de la Tierra. Con esto, eliminamos lo que antes habría sido un momento de aburrimiento.

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No obstante, al eliminar el aburrimiento de nuestras vidas, eliminamos también algo muy importante: la manera en la que nuestro cerebro funciona cuando está aburrido. Eliminamos, entre otras cosas, la capacidad de soñar despiertos, que es el génesis de la creatividad y la generación de nuevas ideas.

Es decir, si no podemos aburrirnos, no podemos crear cosas nuevas, sino que funcionamos como autómatas a través de los bucles de nuestras rutinas.

Entonces, quizás quieras pensar un poco sobre si estar tan ocupado que no tienes tiempo de ser creativo ni de elegir con qué quieres llenar tu vida es realmente un símbolo de tu éxito y tu productividad. Quizás la respuesta no sea la que esperas.

Frente a esta vorágine, que nos afecta tanto mental como físicamente, se crea el movimiento Slow, el cuál promueve vivir más presentes y evitar la prisa.

El movimiento Slow propone que tomemos el control del tiempo, más que ser dominados por él, encontrando un equilibrio entre el uso de la tecnología, orientada al aprovechar el tiempo eficientemente, y las instancias para disfrutar de actividades como dar un paseo o compartir una comida con otras personas, donde no debiera convenir ahorrar tiempo. Parte de la filosofía slow es que, aunque la tecnología puede acelerar el trabajo, así como la producción y distribución de comida y otras actividades humanas, las cosas más importantes de la vida no deberían acelerarse.

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CONSEJOS ESENCIALES:

1. Conseguir un hobby tranquilo.
2. Huir de la multitarea.
3. Huir de la tiranía del reloj: los fines de semana, procurar levantarse de la cama respetando los ritmos naturales del sueño, en lugar de poner el despertador.
4. Hacer la compra en un mercado de productos frescos y agricultores locales.
5. Preparar la comida, sentarse con tranquilidad y saborearla sin tener otra distracción.
6. En vacaciones, es mejor calidad a cantidad; no intentar llegar a todo lo que nos gustaría ver sino disfrutar al máximo cada cosa que vemos.
7. Limitar la lista de cosas pendientes.

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