8.2 Creatividad Económica: Consumo Colaborativo

La creatividad y la búsqueda de soluciones puede aplicarse a cualquier campo de nuestra vida personal y social. Incluso a los más inesperados: como la economía.

Mientras los gobiernos español y estadounidense están poniendo en marcha medidas legales más restrictivas para perseguir el intercambio de contenidos p2p en Internet, en paises como Suecia, la cultura de compartir se ha convertido en una religión.

 

MISSIONARY CHURSH OF KOPIMISM

No es una forma de hablar, tras litigios legales, se fundó la iglesia Missionary Chursh of Kopimism. Era una forma símbolica y controvertida de dar visibilidad a lo que ellos consideran un elemento esencial de la socidad humana: compartir. Actualmente tienen más de tres mil seguidores  que consideran el copiar, compartir y remezclar como actos sagrados e incluso han adoptado los comandos CTRL+C y CTRL+V como símbolos. No deja de ser un hecho anecdótico pero tampoco es casualidad que este movimiento surja en el país con el porcentaje más alto de usuarios de Internet (90% de la población) y donde se fundó el primer Partido Pirata en 2006, que consiguió dos escaños en el Parlamento Europeo.

En este completo enlace encontraréis toda la propuesta ideológica y multitud de recursos culturales gratuitos creados a partir del movimiento #compartecultura.

CONSUMO COLABORATIVO

Compartir un álbum de música o una película sin tenerla fisicamente se ha convertido en algo habitual gracias a internet. Está práctica nos está haciendo más fácil cambiar los ciertos hábitos y ver viables la posibilidad de aplicar el mismo principio colaborativo en otros campos.

Este es el caso del consumo colaborativo del que habla Rachel Botsman en su libro What’s mine is yours: the rise of collaborative consumption. Se trata de poseer de forma comunitaria objetos que realmente no necesitamos tener todo el tiempo, como por ejemplo una caja de herramientas o una aspiradora.

Bajo esta premisa básica han surgido muchos espacios en Internet, algunos en forma de ideas empresariales y otras solidarias, para facilitar el alquiler, intercambio o la donación de objetos. Además del consumo social de cosas físicas, Botsman habla también de un estilo de vida colaborativo que está emergiendo. Dentro están nuevos hábitos como el compartir oficina mediante el coworking, viajar con couchsurfing o participar en redes de colaboración mutua, como los bancos del tiempo.

David Boyle, a través de la agencia de innovación británica NESTA publicó recientemente el informe More than Money, un estudio que recoge diferentes tipos de intercambio, tanto sociales como económicos, donde no hay dinero de por medio.

BANCOS DE TIEMPO

Los bancos del tiempo es el ejemplo más conocido y también más consolidado, que se basa en intercambiar horas y habilidades propias. Este tipo de iniciativas, tal y como destaca Boyle, generan varios beneficios comunes: mejoran el bienestar de quienes participan, se crean conexiones sociales y favorecen la inclusión social de personas en riesgo de marginación.

Tal y como explica David Boyle, con la ley de escasez del mercado tradicional hay gente que no puede acceder a recursos que sí podrían estar a su alcance si pudieran usar otro valor diferente al dinero. En Brasil, por ejemplo, se puso en marcha un programa que convertía la basura en moneda. La iniciativa consiste en dar lotes de comida fresca local a las personas de barrios muy pobres a cambio de que recojan y lleven los residuos a los centros de reciclaje. En estos espacios se emplea a gente con problemas de inserción social, con lo cual se amplía el círculo de beneficios: la ciudad está más limpia, se consigue reducir la huella ecológica y se impulsa el trabajo a nivel local.

LA TRAGEDIA DE LOS COMUNES

La tragedia de los comunes es una teoría que se utiliza habitualmente para apoyar la defensa de una economía más sostenible. Descrita por primera vez por Garrett Hardin en 1968, explica el dilema de una situación donde las personas, actuando de forma individual y en su propio interés, gastan los recursos comunes limitados provocando a largo plazo la desaparición de estos, una consecuencia que nadie desea.

En la última conferencia Web 2.0 Summit, organizada a mediados de noviembre, la emprendedora Lisa Gansky explicaba la teoría que está detrás de su libro The Mesh, why the future of business is sharing.

Según Gansky, las redes sociales en Internet y la conexión constante a través del móvil han propiciado una relación diferente entre las personas y los objetos físicos, una situación que muchos emprendedores están viendo como oportunidad de negocio. La autora de The Mesh puso como ejemplo el coche, algo que tradicionalmente se ha concebido como objeto en propiedad aunque en realidad solo lo utilicemos durante un 8% de nuestro día. El 92% del tiempo restante está aparcado en la calle o en un garaje, cuando es un elemento que condiciona en buena parte la economía familiar y también la configuración de las ciudades. Cada una de estos planteamientos se pueden considerar como un proyecto viable. Esta situación es la que han aprovechado empresas como Zipcar, un modelo de alquiler de automóviles que responde a unas necesidades concretas de la población y que ha podido expandirse gracias a las herramientas de Internet.

Este escenario ofrece la oportunidad de generar muchas transacciones en lugar de una sola por cada producto, y aunque el hábito de adquirir cosas en propiedad es difícil de cambiar, según Gansky es una tendencia que va a expandirse cada vez más, no solo en modelos de negocio para empresas, también en espacios para propiciar que sea la gente quien protagonice estos intercambios.

En este sentido existen proyectos como Krrb, un sencillo portal que permite poner en contacto a personas en el ámbito local para vender, intercambiar o regalar cosas que ya no quieren, o, siguiendo con el ejemplo de los coches,  el espacio WhipCar, una web británica donde los propietarios de automóviles pueden poner en alquiler sus coches durante las horas del día en que no los utilizan.

Visto en: Euskadinnova

Compartimos con vosotros esta interesante reflexión de Miren Etxezarreta, catedrática emérita de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, que analiza en esta entrevista las medidas de ajuste y sus consecuencias reales para la economía. Y también, qué puedes hacer tú para formarte o crear formas diferentes de hacer las cosas.

 ¿Qué otros casos de creatividad aplicada a la economía conoces?
 ¿Crees que sería posible aplicar alguno de ellos a tu vida diaria?


4 comments

  1. Marta dice:

    Conozco un caso de eocnomía colaborativa que se llevaba a cabo en una Escuela de Educación Especial. Esta escuela tenía un huerto que sus alumnos trabajaban durante el curso escolar. Cuando llegaba el verano, época de vacaciones, unas familias del municipio se encargaban de cuidarlo a cambio de llevarse los frutos. De este modo el colegio cuando llegaba después de las vacaciones no se encontraba el huerto hecho una selva.

  2. Andrea Iglesias Iglesias dice:

    En mi vida diaria el único caso que se me viene a la mente que podría aplicar sería el trueque de libros. Ya que no dispongo de nada más de valor material que sea mío propio y que no utilice diariamente, ni de tiempo. Por otra parte, no conozco muchos casos de creatividad aplicada a la economía, pero bueno algo parecido podrían ser las tiendas de segunda mano, o el simple hecho de prestarle algo a un amigo.

  3. Vega dice:

    Muchos de los ejemplos planteados sí pueden trasladarse a mi vida diaria. Uno de ellos sería el de compartir coche con compañeros para ir al trabajo. Me ha gustado mucho el de poder compartir objetos que no utilizamos con frecuencia como la aspiradora, licuadora.. y así no tener que comprar mil electrodomésticos.
    Como propuesta, en el trabajo un día todo el mundo trajo ropa que ya no le servía o quería e hicimos trueque de ropa. Es una idea que me parece que se puede extender a muchos ámbitos, fomenta el reciclado de ropa y frena el consumismo.

  4. Andrea dice:

    Claro que si sería posible aplicar alguno de esos a la vida cotidiana, como los bancos de tiempo o los mercadillos de trueque. Esto dos se hacen en mi pueblo y la verdad que tienen éxito aunque podría ser mas.
    Otros alternativas podrían ser el blablacar, que hace posible que diferentes personas que no se conocen compartan vehículo para llegar a un sitio determinado; o agencias que posibilitan el intercambio de viviendas entre desconocidos, para pasar unos días en la ciudad de la persona a la cual has ofrecido tu casa mientras ella está en la tuya al mismo tiempo.

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