innovación, creatividad & pronoia

4.1 COMPARTE TU CONOCIMIENTO Y UTILIZA EL DE TU COMUNIDAD

El sociólogo y filósofo alemán Ferdinand Tönnies (1887) describió dos tipos de agrupaciones sociales: la Gemeinshaft (comunidad) y la Gesellschaft (sociedad). La primera hace referencia a agrupaciones empáticas de individuos en las que se comparten sentimientos de unidad y vínculos mutuos, como una familia o un vecindario. En la segunda, la cohesión del grupo es algo más mecánico y basado en objetivos y metas individuales.

Todo apunta a que la interrupción de la interacción humana directa que se produce con el uso de tantas tecnologías digitales hace posible una Gesellschaft (sociedad) más eficaz, pero quizá en detrimento de la Gemeinschaft (comunidad). Necesitamos encontrar el equilibrio.

Aunque puede sonar tópico, el objetivo verdadero es diseñar una tecnología que gire en torno a las personas, y no al revés. Así pues, la complejidad de las preguntas ha evolucionado con el tiempo, pasando de cómo construir de manera que favorezcamos las conexiones directas a la vez que aprovechamos las nuevas tecnologías que hacen posibles los nuevos dispositivos de uso personal, a una visión que abarca el ecosistema digital de un hogar o, por qué no, de una ciudad entera.

Lo que hemos intentado hacer, en cierto modo, es crecer en paralelo a la expansión del uso inteligente de la tecnología, pasar de dispositivos personales inteligentes a ciudades inteligentes, algo que daría como resultado lo que podríamos llamar un «individuo inteligente» en un mundo digital. Y no solo inteligente en el sentido de que emplea tecnología digital, también inteligente porque no permite que esa tecnología le desconecte de los otros mientras hace aparentemente lo contrario.

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En este contexto se han diseñado y puesto en práctica las aplicaciones de tecnología digital descritas a continuación, en circunstancias en las que la conectividad humana puede darse entre individuos, vecinos, compañeros de clase o comunidades y las instituciones de que dependen y que existen para servir a sus intereses.

Nadie pone en duda que las nuevas tecnologías, incluidas las ubicuas internet y la red de redes, junto con los medios de comunicación sociales han cambiado nuestras vidas y nuestra manera de trabajar y jugar. La mayoría de quienes usan estas tecnologías pueden citar numerosas ventajas que estas les han reportado. Sin embargo, a menudo pasamos por alto la principal desventaja de nuestra conectividad digital. Mientras estamos ocupados con nuestros distintos dispositivos, haciendo de todo, desde encontrar un restaurante cercano a compartir una experiencia que hemos tenido con nuestros conocidos, o trabajando desde casa y evitando así el embotellamiento de la autopista, es posible que también estemos apartándonos del contacto humano directo. Y eso tiene consecuencias graves para la sociedad.

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¿Cómo influye el conocimiento compartido en nuestra comunidad?

Cuantos más recursos y conocimiento ponga la organización a disposición de una comunidad, mayor es su potencial de crecimiento. Por tanto, debemos preguntarnos, ¿qué información valiosa para mi comunidad puedo compartir con ella?, ¿qué información valiosa tienen los miembros de mi comunidad?.

La cultura está sufriendo un progresivo proceso de apropiación en nuestra época. La cultura es el tejido espiritual con el que los hombres, y las mujeres, construimos nuestros sueños, nuestras creencias y nuestra imagen del mundo. Hubo una época en que la cultura no tenía dueño. Casi tampoco había autores. Los romances y los cantares de gesta pasaban de boca en boca, formaban parte del imaginario colectivo y cada uno podía añadir de su propia cosecha a lo que acababa siendo una creación colectiva compartida por todos. Todos éramos creadores.

Con la imprenta aquello cambió y después vinieron las primeras leyes de copyright, a principios del siglo xviii. Las tornas se apretaron un poco más y la cultura comenzó a tener propietarios y quedó trazada una gruesa línea entre quienes eran autores, de un lado, y usuarios, del otro; entre quienes tenían determinados derechos sobre la cultura, los autores, y quienes tenían limitaciones sobre ella, los usuarios. Con el tiempo la apropiación de la cultura y el conocimiento se ha ampliado a través del copyright hasta abarcarlo todo.

En una época en que pocos tenían la oportunidad de estudiar, a inicios del siglo xx, nacieron las universidades populares. Estas organizaciones educativas pretendían acercar el conocimiento más allá de limitaciones como el poder adquisitivo. Hoy en día, la sociedad ha cambiado, pero su papel sigue siendo relevante para abrir la enseñanza a todos.

El enfoque original de las universidades populares sigue aportando valor a muchas personas. Parece, pues, todavía vigente la frase del escritor y periodista Vicente Blasco Ibáñez sobre ellas en el momento de su creación: «Son un terreno nuevo, donde todos puedan entrar, donde se presente la enseñanza con ropajes de fiesta y se sirva la ciencia como una diversión».

En esta charla aparentemente casual, Charles Leadbater entreteje un sólido argumento acerca de la innovación y de cómo ésta ya no es sólo para los profesionales. Amateurs apasionados, armados con nuevas herramientas, están creando productos y paradigmas que las empresas por sí solas no pueden hacer.

 

Una comunidad es un conjunto de personas que comparte un recurso común. Cuando el recurso es tangible y finito las comunidades organizan sistemas de acceso que garantizan un disfrute equitativo del recurso. Cuando el recurso es intangible está limitación no existe. El conocimiento es un recurso renovable, fluye de forma constante y su uso por parte de un ciudadano no resulta excluyente para otro, sino que en muchas ocasiones contribuye a aumentar su valor. Así el valor de uso del conocimiento aumenta con su libre disponibilidad.

Frente a la tesis generalizada de que la ventaja competitiva en la economía del conocimiento estaría basada en el conocimiento propietario, cada vez son más frecuentes los ejemplos de organizaciones que liberan al menos parte del conocimiento que generan en el desarrollo de su propia actividad para alimentar a una comunidad de usuarios que integra ese conocimiento como propio.

En una charla apasionada que comienza con sus días como artista callejera. Amanda examina la nueva relación entre artista y fan. Un video polémico que os sacudirá y que os ayudará a abrir la mente a otras formas de ver las donaciones y la financiación colectiva muy alejada de las propuestas tradicionales.

¿A quién pertenece el conocimiento?

Copyleft es una denominación heterogénea bajo la cual se encuentran todos aquellos movimientos que defienden la flexibilización de las leyes de propiedad intelectual y han lanzado una alternativa a esta progresiva apropiación de la cultura por parte de los registros de propiedad. Un término que puede resultar controvertido, pues copyleft se carga de sentido al colocarlo junto a su antagonista, el copyright. Es un juego de palabras que busca subvertir las reglas de la apropiación de la cultura y poner lo que está derecho (right) en las leyes de propiedad intelectual del revés (left).

Porque si el copyright remite al derecho a restringir las copias y usos sobre sus obras, el copyleft remite también a un derecho (que tenemos los usuarios, los lectores, la sociedad) a hacer uso de las mismas obras. Son dos visiones enfrentadas sobre qué es la cultura, qué actores deben ser defendidos en ella y cómo deben distribuirse y usarse las obras de creación.

La cultura está hecha con ideas, pero su sustrato es material. Con el paso de los siglos este tejido material se ha ampliando paulatinamente, y cada ampliación ha provocado una auténtica revolución que va desde la imprenta a internet. La forma en la que accedemos, copiamos, modificamos y creamos la cultura y el conocimiento depende de este tejido cultural pero también de las leyes de propiedad intelectual.

Tres siglos atrás los propietarios de la cultura tenían el control solo durante catorce años desde que un libro salía de la pluma del autor y solo controlaban el derecho a hacer copias de las obras. Con el tiempo fue ampliándose el tipo de usos que controlaban y la duración de estos privilegios. Hoy en día, los dueños de la cultura, que no son necesariamente los autores sino los productores económicos (discográficas, editoriales, etc.), controlan virtualmente cualquier uso que se haga de una obra e incluso han alargado estos privilegios hasta setenta años después de la muerte del autor.

Originalmente, el copyright estaba destinado a regular principalmente la esfera comercial de la propiedad intelectual. Era una ley básicamente para empresas que apenas alcanzaban a entrar en el espacio íntimo en que el común de los mortales accede y manipula la cultura. Ha sido tras la aparición de tecnologías que permiten a los usuarios manipular la cultura (grabarla, reproducirla, transformarla, etc.), como son la fotocopiadora, la radio de doble pletina y los ordenadores que los propietarios de la cultura han buscado extender el ámbito de sus privilegios para proteger su modelo de industria. En ese momento, el copyright comienza a regular, no solo la esfera comercial de la cultura, sino que limita la capacidad que cada uno de nosotros tiene para manipular la cultura, acceder a ella y usarla en nuestros espacios íntimos.

Respaldados por las leyes que han conseguido sacar adelante por todo el mundo y apoyados en nuevas tecnologías de restricción de usos denominadas DRM (Digital Right Management), los propietarios de la cultura, aliados a los movimientos defensores de restringir el poder de usuario en el uso y distribución de la información, pretenden establecer un modelo en el que las obras culturales son reducidas a un puro objeto comercial.

El modelo se basa en restringir todos los usos posibles de las obras y cobrar por cada uno de ellos. El planteamiento es sencillo, se trata de convertir al ciudadano en un puro consumidor de la cultura, no en un usuario de ella.

Brewster Kahle está construyendo una verdadera y gigantesca biblioteca digital - cada libro que haya sido publicado alguna vez, cada película alguna vez vista, todos los estratos de la historia de la web- serán gratuitos para el público, a menos que alguien más lo haga primero.

Detrás del copyleft hay una idea revolucionaria que subvierte todo este entramado legal desde dentro. Mientras que el copyright se basa en limitar los usos que la sociedad puede hacer de las obras, el principio del copyleft se fundamenta en permitir el máximo uso posible de las obras. Donde el copyright dice «prohibido» el copyleft dice «permitido».

Este movimiento desorganizado agrupa posturas muy diversas luchas, desde la supresión de las leyes de propiedad intelectual hasta realizar simplemente una flexibilización de sus límites, en la que se pueda concebir a todos los usuarios de la cultura como nuevos creadores o potenciadores de su desarrollo y difusión.

«Cuanto más compartimos, más se amplían nuestras oportunidades de acceso y mayor es nuestra libertad.» Las ideas crecen y el conocimiento se multiplica ex- ponencialmente cuando lo compartimos. El gusto por colaborar, cuidar y compartir refuerza la interrelación entre las personas, las necesidades y la búsqueda de alternativas para satisfacerlas. Es ‘la telaraña de la vida’ a la que se refiere Vandana Shiva; y es también lo que más puede contribuir a mitigar la visión catastrofista que desde la economía ortodoxa se realiza sobre todo lo que no huela a modo de producción capitalista.

El «poner en común» al que se refería la Nobel de Eco- nomía Elinor Ostrom, integra un enfoque altamente democratizador de la vida a través de los principios de soberanía, transparencia, equidad, acceso universal, diversidad y confianza. Es tiempo de cambios. La producción entre iguales comienza a surgir de iniciativas personales concretas, que llevan impregnadas un elevado sentido de reci- procidad, innovación e igualdad en las condiciones y oportunidades que genera. Y lo más importante es que puede provocar una transformación real de las condiciones de vida, desde la equivalencia humana, es decir, la simetría en el valor entre todas las personas, mujeres y hombres.

EJEMPLO: BOOKCAMPING.CC

Dentro de las iniciativas de cultura libre destacamos Bookcamping, una biblioteca digital colaborativa que reseña y enlaza recursos licenciados en su mayoría con licencias abiertas. También es una herramienta, un lugar, una comunidad, un dispositivo inacabado donde puedes entrar a bajar, subir, agrupar y etiquetar documentos que contribuyan a crear un fondo común abierto que nos ayude a repensar el mundo.

bookcamping

#bookcamping es una biblioteca donde poder reseñar, enlazar y descargar contenidos en diversos formatos (textos, audios, videos). Es una biblioteca abierta y colaborativa que nace a la luz del 15M cuyo objetivo es socializar la lectura e incentivar la cultura del compartir. #bookcamping propone llenar sus estanterías con contenido 100% libre contribuyendo a un modelo de cultura sostenible.

Hoy por hoy el equipo #bookcamping se desorganiza horizontalmente, choca, fricciona e intenta salir de todos los apuros y seguir construyendo.

Entra, bichea, comparte, busca y descubre libros, personas, sitios, vídeos y sonidos relacionados, además de por su contenido crítico, por un modo de entender la producción, distribución y difusión de contenidos. El fondo y los protocolos de esta mediateca los componemos y disfrutamos entre todas. Hazte bookcamper y a gozarla.

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