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innovación, creatividad & pronoia

>> Juguetes y princesas Disney alentando estereotipos… ¿lo seguimos permitiendo?

7 diciembre, 2013.Diseño Social.0 Likes.61 Comments

Merece ser Compartido

La Navidad está a la vuelta de la esquina y los anuncios de juguetes para los más pequeños ‘bombardean’ la televisión, escaparates y buzones. Todos repiten el esquema: Niñas con muñecas y niños con coches. Tonos rosas para ellas y azules para ellos.

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Marcas como “LEGO”, tradicionalmente creadoras de juegos “unisex” donde niños y niñas desarrollaban con libertad su creatividad han pasado a ser juegos “sexistas” donde las niñas tienen sus propios juegos diferenciados. Ahora son niñas “amigas” exclusivamente de otras niñas y con ciertos roles/color/estética muy marcados.

Lo que está claro es que por mucho que digan que el sexismo es natural, que las niñas van a las muñecas y que prefieren los modelos más feminizados, detrás de todo hay mucho marketing y mucho interés económico, promoviéndose, a través de la televisión, los anuncios, los juguetes, etc, una socialización primaria a toda la infancia que está muy segregada en función del sexo, y muy sexualizada para las niñas.

CONSEJOS PARA COMPRAR TUS REGALOS:

El juego es libre y espontáneo. No hay juguetes de niñas o niños. Evitemos que se transmita esta idea.

No hay colores de niños o niñas. Intentemos elegir juguetes que reflejen la diversidad de cada persona.

– Escojamos los juguetes teniendo en cuenta que sean seguros, acordes con la edad y libre de prejuicios sexistas.

– Elijamos juguetes que reúnan a niños y niñas cooperando y compartiendo espacios tanto públicos como domésticos

Campaña Juguete No Sexista 2012

– Regalemos juguetes que promuevan todas las capacidades y habilidades de niñas y niños, tanto juegos tranquilos como los que requieran actividad física.

– Busquemos juegos y juguetes que potencien la igualdad en la participación y el desarrollo de sentimientos y afectos, sin diferenciación, en niños y niñas

– Evitemos juguetes, juegos y videojuegos violentos. Eduquemos para resolver problemas de forma positiva, constructiva y creativa.

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Fotografía perteneciente al proyecto “Galimberti ‘s Toy Stories
No es de extrañar que por mucho que algunos padres y algunas madres se esfuercen en coeducar al máximo a su hijo y a su hija, al final las criaturas tiendan a los estereotipos.
Una de las primeras actuaciones para proporcionar una educación lo más anti-sexista posible, es limitar las fuentes estereotipadas que ciertas entidades tratan de mandar a los niños y las niñas.

Las princesas Disney historicamente han sido personajes que reproducían todo tipo de estereotipos sexistas. Parecía que en con Brave (Indomable), podía empezar a cambiar esta peligrosa línea. En varios sentidos, Mérida, la protagonista de Brave estaba pensada para romper moldes, al menos en el codificadísimo universo de la animación Disney. Lamentablemente, parece que tan sólo ha sido una falsa alarma.

Para empezar, se trataba de la primera película de Pixar con protagonista femenina que, además, negaba determinados estereotipos de género y los tradicionalmente asociados a su tipo de personaje; aunque es una princesa (por aquello de ser hija de una pareja de reyes), Mérida se rebela contra todo apunte de desamparo y, en vez de pasar el rato probándose vestidos y buscando marido, prefiere perseguir fuegos fatuos por el bosque y disparar flechas con su arco. Además de todo esto, por primera vez en su historia, Disney hace una película en la que se refleja la relación madre e hija, además de colocar a dos mujeres como protagonistas principales.

machismo disney disenosocial

Algo que no parece casar muy bien con la imagen de las Princesas Disney, línea en la que integra todo su merchandising dirigido a las niñas (muñecas, principalmente). Quienes han visto la película de Pixar podrán comprobar con estupefacción que la Mérida del filme ha recibido ciertas modificaciones antes de ser digna de compartir espacio con Cenicienta, Blancanieves, Ariel Yasmine. 

Como si hubiera pasado por el quirófano, de repente Mérida se ha homogeneizado físicamente con el estereotipo de chica Disney actual e incluso lleva uno de los vestidos ceñidos contra los que se rebela en la película porque no le permiten manejar bien el arco. A la mayor voluminosidad y brillo de su melena pelirroja se añade el trabajo de sexualización que se ha ejercido sobre su cuerpo, haciéndolo más adulto y estilizado.

Brenda Chapman, la creadora del personaje, afirma que “es atroz lo que le han hecho a Mérida”. Dirigiéndose a su periódico local, Martin Independent Journal, ha escrito:

“Mérida se creó para romper ese molde. Para dar a las niñas un modelo mejor, más fuerte y más realista, con sustancia y no sólo una cara bonita que se sienta a la espera de un romance”. 

No se trata del primer problema entre Chapman y Disney, pues la cineasta ya fue despedida durante la producción del filme y reemplazada por Mark Andrews, motivo por el que aparece acreditada como co-directora.

Los fans de Brave (Indomable) tampoco se han hecho esperar y han organizado una petición online que ya ha conseguido más de 136.000 firmas pidiéndole a Disney que dé marcha atrás. En respuesta al revuelo causado, la compañía ha declarado de manera oficial que 

“Mérida ejemplifica lo que significa ser una Princesa Disney a través de su valentía, pasión y seguridad en sí misma. Es la misma Mérida fuerte y determinada de la película, cuyas cualidades interiores han inspirado a madres e hijas de todo el mundo”. 

Lo cual se esfuerza por no tocar el tema del aspecto exterior (que es lo que ha cambiado y lo que se discute) en ningún momento. ¿Tendrán éxito las quejas de los fans y Mérida volverá a ser tal y como la conocimos y fue creada… o permanecerá indistinguible de cualquier otra muñeca pseudo-Barbie?

¿Tú cuál de las dos prefieres: la nueva (izquierda) o la original (derecha)?

 

 

Comments (61)

  • Renata J. Calderón . 9 agosto, 2014 . Responder

    ¡Definitivamente prefiero a la princesa Mérida original! La “versión disneidizada”, pierde en totalidad, la esencia de lo que es la princesa Mérida, si ya hasta nos sale con maquillaje. ¡Esa no es Mérida!

  • Guillermo Navas . 26 diciembre, 2013 . Responder

    Nos educaron para ser la parte privilegiada del contrato. Para no desfallecer nunca en nuestra carrera de proveedores, de titulares legítimos del poder, de sujetos que se definen por la permanente acción. Nos insistieron en que debíamos ser fuertes, aguerridos, violentos, insaciables. Los sujetos por excelencia. Formados en el arte de la conquista y de la autoridad. Nos prepararon para ser unos diligentes padres de familia, aunque nadie nos explicó los términos del contrato sexual en el que una parte permanecía sometida e incluso humillada.

    Desde pequeños, nos hurtaron la ternura de los cuidados y el aprendizaje de la empatía. Al contrario, nos empujaron a ocupar el patio del colegio, a demostrar permanentemente nuestra hombría ante nuestros pares, a pelear cuando alguien se atrevía a ponerla en duda. Y, sobre todo, nos aconsejaron huir de lo femenino, no mostrarnos como lo hacían ellas. La clave estaba en que para ser hombres debíamos aprender a no ser mujeres. Ello suponía, obviamente, la humillación y el desprecio de aquellos que no respondían a las expectativas de género y que se comportaban no como hombres sino como “nenazas”.

    Nos socializaron para cumplir un determinado papel en la sociedad, que era interdependiente del ocupado tradicionalmente por las mujeres. El reparto era perfecto, aunque el equilibrio inexistente: nosotros en lo público, ellas en lo privado. Un reparto que empieza a romperse cuando, por la fuerza de la democracia y el tesón del movimiento feminista, las mujeres dan el salto a la ciudadanía y entonces el contrato se desmorona.

    El siglo XX fue el que marcó el inicio de esa nueva era y el XXI debería ser el que redefiniese el pacto. Sin embargo, la realidad patriarcal continúa siendo insistente. Ante la progresiva incorporación de las mujeres al ejercicio pleno de sus derechos, una conquista que en estos tiempos de crisis corre el riesgo de paralizarse e incluso retroceder, muchos hombres han reaccionado subrayando sus fauces de patriarca.

    • Carlos . 24 marzo, 2016 . Responder

      tengo que decir que todo ese argumento es puramente falaz. el patriarcado no existe es un mito.

  • Nacho . 26 diciembre, 2013 . Responder

    No debemos olvidar, no obstante, que si bien las niñas sufren las consecuencias de unos estereotipos que acortan y limitan sus potencialidades, los niños sufren las exigencias impuestas por la sociedad a los “machos”, que en muchas ocasiones pueden ser asfixiantes y originar complejos.

    La realidad que vemos es que nuestra sociedad está en un proceso de cambio, y los juguetes representan la sociedad de hace 20 años, pero no la de ahora. No es cierto que la mujer esté actualmente encerrada en casa y no tenga otra opción profesional. No es cierto que los hombres no cambien pañales o den de comer. No es cierto que la familia “normal” tenga padre y madre. Y cada día que pasa estas afirmaciones van a ser menos ciertas. El hecho de que los mass-media, la publicidad, los cuentos infantiles sigan dando una imagen del pasado es algo ante el que poco podemos hacer, tan sólo no comprar o no mirar. Pero de los juguetes que compran los padres, son totalmente responsables. ¿Los juguetes que regalan son juguetes para el pasado, o son juguetes para el futuro?

    • carlos . 26 diciembre, 2013 . Responder

      los niños imitan lo que ven en casa en su familia, no lo que les impone un juguete.

      • Guillermo Navas . 26 diciembre, 2013 . Responder

        El posmachismo, como bien explica Miguel Lorente, adquiere formas sutiles, otras no tanto, que nos demuestran que el fondo sociocultural apenas se ha removido y que son muchos los que no parecen dispuestos a perder sus privilegios. Otros hombres, sin embargo, nos encontramos entre el desconcierto y la búsqueda de una nueva identidad.

        • carlos . 27 diciembre, 2013 . Responder

          y eso que tiene que ver con mi comentario? ¿quien rayos es Miguel Llorente? ¿de que privilegios hablas? En mi pais tanto hombres como mujeres tienen acceso a la educacion y al trabajo, aun hay brechas por resolver como tener salarios iguales por trabajo igual y aun asi en mi pais se comercializan juguetes “para niños” y “para niñas” sin que estos afecten en algun modo sus valores, como he venido repitioendo, los Juguetes no educan, los padres si, los jueguetes son solo una manera de aprender habilidades mas no de adquirir valores asi que el sexismo no surge de que una niña juegue a las muñecas o un niño a los carritos, sino mas bien de los valores que se imparten en el hogar.

  • Ángel . 26 diciembre, 2013 . Responder

    la investigación llevada a acabo por la doctoranda en sociología Elisabeth Sweet, ha respaldado ha reforzado la hipótesis de Tricia Lowther, fundamentada en cómo los estereotipos de géneros están cobrando cada vez más fuerza e influencia en el sector del juguete…de ahí sus declaraciones en el New York Times el pasado año: ”hemos hecho grandes avances hacia la equidad de género en los últimos 50 años, pero el mundo de los juguetes se parece mucho más a la pasada década de los 50 “. Este es uno de los muchos datos esclarecedores que evidencian la evolución que la publicidad de juguetes ha venido experimentando a lo largo de la historia, pero hay otros aspectos extraíbles de su proyecto que debemos tener en cuenta:

    Durante su investigación sobre el papel del género en los anuncios y en el catálogo de juguetes Sears, comprobó que en el año 1975 muy pocos juguetes fueron comercializados de forma explícita en función del sexo, y casi el 70% no mostraron ningún tipo de señales relacionadas con el sexo.
    En los 70, los anuncios de juguetes desafiaron ciertos estereotipos de género publicitando a niñas que construían, por un lado, y a chicos jugando con cocinas y accesorios, por otro.
    Pero en 1995, la publicidad de género de los juguetes se acercaba de nuevo al estilo de mediados de siglo, y aún hoy perdura.

    • Guillermo Navas . 26 diciembre, 2013 . Responder

      Sólo así pondremos las bases, entre todos y todas, para que las cifras de mujeres muertas empiecen a descender y para que nuestros hijos y nuestras hijas sean capaces de construir relaciones afectivas y sexuales desde la autonomía y el respeto. De no asumir este compromiso, la lucha por la igualdad seguirá amarrada por la superficialidad de los discursos y la violencia sobre las mujeres, que ahora parece correr el riesgo de abandonar la primera página y pasar de nuevo a la de sucesos, continuará siendo el más político de los terrorismos ya que es el que cuestiona la autonomía y dignidad de la mitad de la ciudadanía.

      • carlos . 27 diciembre, 2013 . Responder

        ¿y eso que tiene que ver con el topico nuevamente?

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